Carcassonne

Carcassonne es una ciudad de cuento, de cuento de hadas. Nos dirigíamos a Malves en Minervois e íbamos por la autopista pero sabía que estaba allí en algún lugar a mi izquierda. Así que aún conduciendo giré mi cabeza y lo ví por primera vez con sus murallas y sus torreones encaramado en lo alto, vigilando la llanura que lo rodea. Y fue cuando Mary dijo “es que es justo lo que pintas cuando alguien te pide, de pequeño, que dibujes un castillo

Más tarde, nos enteramos que el 99% se trata de una resconstrucción llevada a cabo por un tal Violette-le-duc que había cometido un montón de anacronismos. Bromeamos mucho con el “¿Que te podías esperar de un tío que se llamaba violeta?“  Pues bien, a partir de ese momento el viaje se tornó realmente un poco surrealista mientras Mary y yo nos dedicamos a seguir los pasos de este personaje que hizo que todo el medievo que conocemos hoy en día fuera el que estaba en su imaginación. Fue el encargado de miles de obras de reconstrucción en toda Europa, desde el alcázar de Segovia hasta notre dame de Paris.

Dicen que es muy turística, y ¡oh si! si que lo es, pero hay que ir merece la pena. Además si te agobian mucho las aglomeraciones siempre al anochecer queda desierta, tanto que el primer día que fuimos a cenar hasta nos sorprendió lo vacía que estaba.

La ciudad fortificada está situada sobre una elevación en la orilla derecha del río Aude, frente a la ciudad moderna, rodeada por una doble muralla de 3 km de longitud. Su interior conserva el aspecto de las ciudades medievales europeas con calles angostas y tortuosas, edificaciones de fachadas con entramados de madera, barrios de artesanos y gremios (pero realmente es muy chiquitina, 100% constituida por casas que son o hoteles o restaurantes o tiendas, muy bonitas, lo que hace que sea muy agradable pasear) junto con dos elementos que destacan: el castillo de los condes de Carcasona y la basílica de Saint-Nazaire.

Ambas visitas son imprescindibles. El castillo Comtal (ojo que las colas para entrar pueden ser laargas y el precio es caro) no tanto por el contenido en su interior, sino para apreciar su arquitectura. Muestra en sus diferentes edificios y elementos arquitectónicos defensivos la huella entre el período prerromano, su abandono en el siglo XVII y su posterior recuperación. Es una fortaleza dentro de la ciudadela rodeada por sus propieas murallas, foso y torreones. Recorrerlo implica un paseo por las diferentes estancias los torreones pero sobre todo, no hay que perserse, bajo ninguna circunstancia, el paseo por las murallas que incluye 9 torres, dos de las cuales son de época visigoda. Se puede ver todo lo que le rodea desde lo alto, las barbacanas de la muralla, la fotaleza de Saint Louis. Realmente este paseo me gustó.

La gótica abadía de Saint-Nazaire se alza en el otro extremo de la ciudad con su campanario hexagonal y sus imponentes gárgolas, justo al lado del antiguo palacio episcopal. A Saint Nazaire hay que ir, en teoría al amanecer y al atardecer (consejo que nos dió Inés). Porque entra toda la luz por las vidrieras de los dos enormes rosetones del crucero. Por la mañana, el más azulado; por la tarde, el rojizo, y esto le da mucho encanto ya que es una basílica de un gris apagado y oscuro, con techos altísimos, si vamos lo que se dice gótica, que no transmite mucha calidez. Nosotras tuvimos la suerte de llegar cuando un coro estaba cantando lo que hizo que la disfrutásemos desde otra perspectiva.

Lo último que queda por hacer en la ciudadela (de verdad que se ve muy pronto incluso con tiempo para tomarse unos vinos en el bar à vins, una terracita super chula apoyada en la muralla justo al lado de la basílica) es un paseo entre las dos murallas, por el llamado paseo de las Lizas. Para ello hay que ir a una de las puertas (solo hay dos) una al lado del palacio episcopal y la más llamativa, donde se encuentra el gran aparcamiento. Tiene un puente levadizo y tienen allí el busto de la dama carcas cual si un disney land medieval se tratase. En estos dos puntos hay un espacio abierto entre las dos murallas por el que andando se puede rodear toda la ciudadela, un paseo genial con almenas, murallas, fosos, torreones. Si uno se informa en la oficina de turismo, hay horarios en los que entre estas dos murallas se organizan justas.

La fortaleza de Saint louis, se construyó posteriormente que la de Carcassonne, a sus pies, y es lo que hoy en día se ha desarrollado como ciudad moderna. Pese a un par de iglesias y algunos trozos de muralla que todavía sobre viven, y un par de agradables mercadillos, es con diferencia una de las ciudades más feas e insulsas de Francia en las que yo haya estado. Pero desde el puente nuevo, un puente medieval a los pies de la fortaleza de Carcasona, es desde el punto del que se tienen las vistas más impresionantes de la fortificación en lo alto, muy iluminada por cierto, al anochecer.

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