En plena región de la conocida “pequeña Suiza luxemburguesa” y como corazón de la misma se levanta Echternach, cerca de la frontera alemana que de forma natural hace el río Sûre (de hecho al final de la ciudad está el puente por el que se cruza el río y se pasa a Alemania)
Nos recibió completamente desierto de gente aquel día invernal. Aparcamos en la calle principal sin problemas y de forma natural llegamos hasta su pintoresca plaza del mercado. Una auténtica maravilla de plaza cuadrada. Todos y cada uno de los edificios de la plaza tienen un encanto especial. Bajo las arcadas de estas casas color pastel hay multitud de restaurantes, bares y tiendas, pero todos ellos cerrados.
En la entrada a esta plaza destaca el ayuntamiento “Denzelt” que llamó mucho nuestra atención. Un edificio de 1500 con pórticos y arcadas góticas. Parece sacado de un cuento ya que está adornado por unos torreocillos y de estatuas.
Después de la plaza divisamos los torreones de la basílica, así que naturalmente seguimos nuestro paseo hasta allí.
Echternach creció a los alrededores de la Abadía de Echternach, que fue fundada en 698 por san Willibrord. El complejo de la abadía es grande pero se confunden con calles normales del pueblo. Para nuestra sorpresa la mayor parte de ella es hoy en día un colegio de primaria. Desde las ventanas de lo que fué el monasterio podíamos ver a los alumnos estudiando.
Lo que sí se puede visitar es la basílica. Era románica y se hizo famosa por su biblioteca y scriptorium. Pero en 1737 la abadía fue reconstruida en un atractivo estilo barroco que predomina en los edificios del colegio. En el fondo de la basílica está la cripta donde está enterrado en su sarcófago el fundador. Esta cripta es más bien de estilo carolingio aunque se nota que se reconstruyó y se pusieron muchos elementos neogóticos (me sorprendieron las vidrieras muy modernas pero muy bonitas)
Pasamos por la rotonda central de la abadía y cruzamos un arco con una verja de hierro forjado. Pero en realidad no estábamos saliendo de la abadía ni nos habíamos metido de nuevo en las calles del pueblo. Llegamos sin embargo a los antiguos jardines de la abadía. Un jardín francés conocido como l’Orangerie. Es un sitio muy bonito con una piscina de carpas en el centro y un pabellón rococó en el centro. Nos asomamos y no pudimos más que seguir envidiando a los alumnos que se veían dentro estudiando.
Después de recorrer un poco más los diferentes edificios del monasterio, paseamos por el pueblo hasta llegar a la iglesia de San Pedro y San Pablo en el centro del pueblo. Es un edificio románico del 1220 y tiene un retablo bonito de Mechelen.
El pueblo es pequeñito y después de dos vueltas nos dirigimos hacia la parte exterior donde se conservan, bien restauradas, alguna parte de las murallas medievales y torreones. Siguiendo el recorrido de esta parte más medieval vimos la igleista en lo alto de un pequeño montículo.
Nos acercamos hasta ella y he de decir que es una de las cosas que más me gustó. La chapelle de Nôtre-Dame no es tan antigua como la abadía o la iglesia de San Pedro pero se levanta picuda y solitaria encima de un monticulo como vigilando al pueblo.
Dado que estaba desierto y que en dos paseos nos habíamos recorrido Echternach, salimos por un camino de la calle principal en dirección a un parque en las afueras.
En los alrededores de la pequeña ciudad hay miles de senderos entre formidables bosques. Porque una cosa es cierta, los bosques más bonitos que he visto en mi vida están en el ducado.
Pero este parque al que fuimos sin embargo está presidido por un enorme lago artificial. El Schwarzuecht. Aquella mañana de Noviembre la niebla lo cubría todo imprimiendo ese silencio especial. Me sentí como parte de una ilustración de cuento con los sauces llorones del lago, los bosques de alrededor, los cisnes dormidos en los embarcaderos, nosotros, las tres únicas almas caminando.
En este mismo parque, al lado del lago, se levanta una antigua villa romana (excavación que salió a la luz mientras construían el lago) Y era realmente el motivo por el que habíamos venido andando hasta aquí pero estaba cerrada por mantenimiento.


























