Como en un buen lib
ro, los viajes de aventura han de comenzar con acción. Así fue nuestra llegada a Inverness.
En teoría íbamos a llegar a Edimburgo para dos horas después coger un autobús hasta el norte. El problema empezó cuando el vuelo de easyjet se retrasó una hora en salir y media más para cuando habíamos aterrizado. Aterrizamos justo 5 minutos antes de que el autobús saliese.
Por suerte, mis padres estaban en Edimburgo aquel día y les dejamos las maletas. Por suerte unos amigos habían llegado desde Liverpool y ya nos esperaban en la estación de autobuses. Les llamamos para que convenciesen al conductor de esperarnos y Dani ,el más grande de todos, dijo, “ya me lo temía pero tranquilos que he comprado una botella de vino para sobornar al del autobús” Por suerte los taxistas de Edimburgo son la gente más encantadora y en seguida se movilizaron para meternos a todos en un par de taxis y llegar lo antes posible a Waverley.
En la estación de tren dejamos a Angel y a mis padres con las maletas que usaríamos en la parte menos “salvajita” de nuestro viaje. Lo que iba a ser un placentero rato contándonos anécdotas fueron dos besos rápidos para salir corriendo cargados con las mochilas de travesía por toda la ciudad hasta llegar a la estación de autobuses (sudando y sin aliento) No haciendo honor a su fama de puntualidad (quizás porque esto es Escocia), 15 minutos después el autobús aún no había salido.
Por muy agotados que llegásemos, el hostel de Inverness está sin dudarlo entre los peores de los peores albergues en los que he estado. El precio era normalito, las sábanas olían fatal, no las habían cambiado en meses y estaban sucias, los colchones asquerosos, los baños mmm (recuerdo que no había luz)
Una vez allí las primeras horas las dedicamos a hacer las compras para nuestra travesía (también billetes de tren futuros) y luego exploramos la ciudad.
No sabría decir qué es lo que falla en Inverness pero es una ciudad insulsa, ni siquiera podría decir que es fea. Simplemente no transmite nada.
La mayor parte de las casas del centro histórico son de piedra (la misma piedra caliza de la que está construido Edimburgo) así que tiene ese aspecto marrón-negruzco que te transporta inmediatamente al XIX en los tiempos más sombríos de la revolución industrial.
En frente de la estación de tren está un mercado victoriano lleno de tiendecitas (el edificio es medianamente más llamativo que el resto pero tampoco es para tanto) Claro, contrasta con los demás edificios de esa calle que está repleta de tiendas de montaña. Inverness se vende como la puerta a las Highlands así que muchos la usan como base para ir a otros sitios, como nosotros.
Cerca de allí se llega a la calle principal (que es peatonal) con miles de tiendas de tartanes, en plan souvenir.
Estando allí pensábamos en cómo su nombre, particularmente nos evocaba a algo así como ciudad muy al norte de invierno perpetuo. Pero realmente el nombre hace mención a que era la morrena de un glaciar que hoy en día se ha convertido en el río Ness que la recorre de sur a norte hasta su desembocadura (perlita de sabiduría de nuestro querido conductor privado de minibus al día siguiente)
Y todo sea dicho justo el paseo al lado del río, que es el gran camino que recorre todo el canal de caledonia desde Fort William, es la zona más bonita de la ciudad.
Dominando una orilla se encuentra en lo alto el castillo, no es un castillo extremadamente bonito ni viejo (creo que mayormente fue construido en 1847 y ahora se utiliza como juzgado) pero tener un castillito chiquitin siempre es un toque de distinción para la ciudad.
En la otra orilla se encuentran floridas cafeterias y una serie de iglesias todas interesantes que destacan en el horizonte de la ciudad con sus picudos campanarios. Aunque todo sea dicho no son para emocionarse mucho porque tampoco es que se trate de tesoros para tirar cohetes.
Old high st Stephan está en un pequeñisimo montecito y se trata de la iglesia más antigua de la ciudad. A los demás les llamó la atención porque tiene el cementerio alrededor en el jardín como algo integrado en él (esto yo ya lo había visto en Noruega, no obstante no deja de impactar la familiaridad con la muerte) En 1746 fue usada como prisión para los jacobitas que fueron ejecutados en el cementerio.
Un poco antes en la misma orilla, se encuentra la St Columba High, que es una iglesia gótica de 1852, con vidrieras bonitas.
Ness bank chuch (que destaca más que el resto por su pose catedralicia) se construyó en un revaival decimonónico del gótico temprano, y no bastando con la arquitectura, al parecer existe una leyenda de que la mujer del arzobispo sospechosamente desapareció y cuentan que la asesinó y la emparedó en la iglesia (por muy insulsa que sea la ciudad yo creo que por solo tener semejante iglesia merece la pena ir y echar un vistazo). Justo en frente está la pequeña Inverness trinity chuch del 1800.
Por la noche subimos al montículo del castillo para ver las vistas desde allí. En ese momento Flavio y Mario decidieron intentar llegar hasta la desembocadura del río pero no pudieron, ya cerca del puerto hay una valla que no permite pasar más allá.
Una cosa si que hay que reconocerle a Inverness y es que no comimos nada mal. Si, han leído bien. Pese a la terrible fama de la cocina inglesa (quizás porque esto es Escocia) en los pubs que pueblan la ciudad encontramos comida típica y bien cocinada (no como en Edimburgo) Allí descubrimos que los haggis no eran cosas tan horrorosas como nos habían descrito, platos de caza y el fantástico y maravilloso sticky toffee pudding. En cuanto a los pub tienen toque de queda a las 12, es decir que a esa hora o te quedas en el que estás o ya se te acabó la noche.





























