Howth

La mayor parte de la gente que ha estado en Dublin unos cuantos días termina yendo de excursión a este pequeño pueblito costero, ya que se encuentra muy próximo a la capital, y se llega de forma rápida, sencilla y barata con el Dart.

Howth faro

Pero la impresión que te puede dejar me temo que depende muchísimo (sobre todo del tiempo). La Zuazua y yo íbamos a pasar una semana en Dublín. Como las dos ya conocíamos la ciudad, nos pusimos a la búsqueda de posibles pequeñas excursiones de un día y en seguida, como no, apareció Howth. Pero cuando se lo dije ella me contó que ya había estado y que no lo recomendaba nada. Resultó que nada más llegar a Irlanda, Ruperta vino emocionado contándonos lo bien que lo pasó en el pueblito y le dijo a la Zuazua que tenía que volver ya que cuando ellos estuvieron no lo pudieron disfrutar para nada.

Así que una mañana soleada nos plantamos en la península en la que se encuentra Howth y fuimos directas al puerto (a la salida de la estación del Dart, se encontrarán un gracioso mapa de la península que merece la pena tener)

Howth mapa

El puerto, es realmente un auténtico tradicional puerto pesquero (de los que me gustan a mi) y a lo largo de los atracaderos hay restaurantes de pescado. A parte de mi obsesión/fascinación por los puertos, el principal motivo de explorar los amarres (y mi principal curiosidad e insistencia por ir a Howth) son ¡¡las focas!! (focas, que la primera vez que la Zuazua estuvo allí jura y perjura que no vio) Pues bien, las focas son unos pedazo bichos increíbles, sobrealimentadas por los turistas (algunos pescadores venden allí mismo pescado para tirárselo a los animalitos), que están flotando medio varadas entre los barcos atracados esperando su ración de pescado. O durmiendo, incluso oí roncar a algunas.

Howth focas

El puerto, que es bastante grande, tiene vistas permanentes a un islote completamente rocoso que se llama la isla de Eye que es una reserva natural donde se pueden observar pájaros.

Y el pueblo también es muy tradicional, solo que no le hicimos mucho caso. Hay algunas ruinas ennegrecidas de una iglesia antigua, casas oscuras y subiendo la loma una especie de castillo. Como hacía muy bueno, después de recorrernos lo que sería el paseo marítimo cogimos la carretera que rodea la costa hasta que se acaba, y allí empieza un sendero de tierra por el borde de los acantilados.

Howth puerto

El paseo es realmente bonito, merece mucho la pena y no es demasiado largo ya que se recorre en 3-4 horas (también hay caminos alternativos que suben directamente la loma atravesando por mitad del pueblo para llegar al faro que está en la otra punta) Nosotras elegimos el paseo que circunda toda la península ya que el día era muy bueno y permitía disfrutar de los verdes prados.

Howth acantilados

Los acantilados no son extremadamente altos, pero si que son bonitos, y además todo el campo estaba verde con el brezo morado florecido. Justo en la punta diametralmente opuesta al pueblo, se encuentra el mayor faro de la península lugar en el que decidimos parar para tomarnos nuestros bocatas. Más hacia el sur, siguiendo por este camino, se tienen vistas de Dublín. Para terminar el paseo abandonamos el borde de los acantilados y cruzamos atravesando la península de vuelta al pueblo.

Parque Nacional de las Montañas de Wicklow

Siguiendo la estrecha carretera que une Enniskerry con Glencree nos adentramos en el corazón del condado de Wicklow. Es a partir de estos dos pequeños y curiosos pueblos irlandeses donde comienza el parque natural.

sally gap

El Parque Nacional de las Montañas de Wicklow cubre gran parte de las tierras altas de Wicklow y contiene una zona de casi 20.000 hectáreas, con suaves laderas (Teniendo en cuenta que el pico más alto Lugnaquilla mide 925m aquí a cualquier cosa le llaman “montañas”) y robledales en los valles.

Glencree:

Comenzamos nuestra visita por la carretera militar más serpenteante y estrechita aún que la que descubrimos que llegaba a Enniskerry, que lleva hasta Glencree subiendo una pequeña pendiente a lo largo del río Dargle.

Panorama desde Glencree

El pueblo se encuentra en lo alto de un valle en forma de v de unos 400m. A los piés se pueden ver los amplios prados de powerscourt en  Enniskerry, todo lo demás montañas. El terreno siempre fue pobre y rocoso pero en las partes más fértiles del valle del río crecen los bosques de pequeños robles.

Las vistas son muy bonitas y el pueblecito en sí es muy chiquitin y 100% irlandés con su iglesia y pub. Su población creció a partir de la de los alrededores que parcelaron el terreno del valle en pequeñas huertas (como se puede ver). El único edificio que sobresale es un reformatorio de 1858 (Hoy una cafetería con muy buenas vistas) Aunque lo que más me gustó fue la pequeña iglesia casi caída que te recibe a la entrada del pueblo.

Sally gap:

Subiendo un poco más se llega a lo más alto de las montañas, unas suaves cimas en forma de falsas llanuras en lo que se conoce como los gaps. Las laderas superiores y los picos redondeados están cubiertos por brezo morado y pantanos. También se pueden ver las turberas donde la gente hace carbón vegetal.

On the road

En concreto Sally Gap, se sitúa entre las montañas de Kippure y Djouce. Es famoso por salir en películas tan dispares como “braveheart” o “ps I Love you” Paramos varias veces y la verdad es que el paisaje no paraba de recordarme al Glen Affric de las Highlands donde estuve caminando 4 días. Es un bonito páramo lleno de arbustos, con una mezcla de verde amarillo y morado y el correr de riachuelos de agua, solo que no me sorprendió porque en ese momento no me parecía algo nuevo.

Pasado Sally gap merece la pena hacer una parada en un lado de la cuneta de la carretera (o más sensato y menos peligroso, ya que la carretera es estrecha, llegar hasta el aparcamiento más adelante y volver andando por la carretera)

En un momento nos fijamos que apareció una valla de roca muy grande. Aunque podía haber estado marcando pastos de ovejas lo que encierra es un valle donde se encuentra el lago Lough Tay donde la familia guiness tiene su mansión con playa artificial incluida entre las montañas.

Lough tay

Esta carretera va directamente al pueblo de Laragh, que es la entrada al recinto arqueológico de glendalough. Pero antes de llegar al pueblo, está el aparcamiento que he mencionado antes, al lado del lago superior. En este punto del camino se dejan atrás los impresionantes páramos desolados de los gaps y empiezan los frondosos robledales, así que es el mejor sitio para disfrutar de ambos tipos de paisajes. Por falta de tiempo no pudimos hacer ninguna caminata,  solo disfrutar del paisaje momentáneamente. Debe merecer la pena pero igual después de mi aventura en las Highlands supongo que seguría comparando ambos lugares por lo parecidos que son. Se va por caminos que están bien indicados e incluso se pueden hacer rutas de varios días recorriendo todo el parque.

Avoca:

A la salida ya de todo el valle montañoso, atravesando varios kilómetros de espeso robledal, en el cruce de dos ríos, se encuentra el pequeño pueblo de Avoca donde nos sorprendió la lluvia y paramos. Igual que otros pueblos de este condado rural, son cuatro casitas de colores dispuestas en hilera una iglesia y un bar, en el que entramos a calentarnos.

Avoca

Pues al parecer es famoso por salir en una popular serie de televisión  ‘Ballykissangel’ (Ninguna la conocíamos pero en el bar la andan poniendo constantemente)

Galway

Esta es, probablemente, información interesante. La Zuazua y yo pretendíamos ir desde Dublin, en un día, a los acantilados de Moher con transporte público, sin tener que ir en uno de los múltiples tours organizados. En teoría poderse se puede, si se madruga muchiiisimo. Cogimos el segundo tren a Galway, a las 9 de la mañana y llegamos a las 12 y algo. Allí mismo en la estación de tren está la de autobuses, pero el siguiente bus (y último) hacia los acantilados era a las 14:00. Esto en sí no era un problema, el problema era que volvía a Galway a las 20:00 y que el último tren de vuelta a Dublin ¡¡¡sale a las 18:00!!!

Catedral de Galway

Así que cambiamos de planes y pasamos el día explorando la pequeña ciudad de Galway. En sí no es gran cosa. Merece la pena para quedarse un par de días y tenerla como base para ir a los acantilados y a las islas de Arán (como, siguiendo nuestro consejo más tarde hizo Ruperta)

Aunque no tenga grandes cosas que ver, pronto descubrimos que lo que la hace realmente especial es el ambiente. Y no sabría contaros el qué es en concreto, pero tiene una atmósfera de ciudad viva y a la vez tranquila, gente amable … en general, el conjunto hace que la ciudad transmita un aire acogedor de bienvenida a todo el que a ella llega.

Corrib

El centro neurálgico se localiza en la zona peatonal justo debajo de la plaza Eyre square. Se trata de una serie de calles donde se pueden encontrar todo tipo de tiendas, pubs y restaurantes en clásicos edificios, algunos históricos, de casitas bajas y tejados de pizarra. Desde luego, fue el primer sitio al que fuimos a parar.

Como se hacía la hora de comer, acabamos en una de estas calle peatonales (Middle Street) donde cansadas de comida rápida nos quedamos mirando un restaurante, el Viña Mara, con menus a 10€. Como parecíamos no decidirnos un hombre que estaba paseando se puso a hablar con nosotras (he aqui una pequeña muestra de ese ambiente de bienvenida que en seguida te embarga) Nos dijo que si entrábamos en el sitio comeríamos realmente bien y al final le hicimos caso. Comimos realmente bien y barato comida casera, típica irlandesa.

calles Galway

Seguimos el recorrido dirigiéndonos hacia el puerto para ver el spanish arc. En el XV y XVI  Galway fue un importante puerto europeo donde llegaban principalmente barcos españoles y portugueses. Como recuerdo queda este pequeño trozo arcado de la antigua muralla (realmente queda muy poco). El puerto que allí parecía curioso y donde nos sentamos en la praderita verde, a mirar los pájaros y ver la gente pasar, en fotos no parece nada del otro mundo.

Justo por allí desemboca el río Corrib que atraviesa de lado a lado la ciudad y a la derecha del río se ha hecho un pequeño sendero muy cuidado entre jardines y puentes que realmente nos pareció agradable. Algunas de las casas que están asomándose al río son realmente muy antiguas, hay hasta un viejo molino y todo. En algunas partes del río se hay pequeños diques de forma que la gente se puede poner a pescar en él. Siguiendo este camino llegamos hasta la catedral de nuestra señora de la Asunción y San Nicolás y más arriba a la universidad. En resumen estos son los puntos más importantes que ver de la ciudad, y se recorren en poco tiempo.

Puerto Galway

Después callejeamos un poco encontrándonos con algún edificio oficial y más iglesias. Nos sorprendió que por primera vez oíamos por la calle hablar gaélico (“hablan élfico” como decía Zuazua, nos hacía mucha gracia) También nos fijamos de que, al contrario que en la capital, aquí era más difícil encontrarse con letreros traducidos en los dos idiomas. Esto nos alegró porque es parte del aire tradicional que se respira en la ciudad, muy auténtico.

Glendalough

El valle de Glendalough es considerado uno de los sitios más hermosos en Irlanda. Recuerdo que un día en el trabajo comenté que pasaría mucho tiempo en Dublin (que ya conocía) y pregunté por sitios cercanos. M.A. fue la primera que me lo recomendó. Me contó que fue el primer lugar que de pequeña visitó sola, cuando fue a un intercambio en Irlanda. Lo recordaba como un sitio sobrecogedor que le impactó mucho, a ella le pareció una de las siete maravillas del mundo. Es probable que esta gran impresión que le produjo se viese influenciada porque era pequeña, era lo primero de fuera que veía… pero es un lugar muy bonito, con diferencia, si bien quizás yo no lo viví con tanto impacto.

Para llegar a hasta él hace falta coche si o si. A las malas existen miles de tours diarios que salen desde el mismo Dublin.

No hay que confundirlo con el pueblo de Glendalough, que existe en algun otro condado de Irlanda, este es el valle de Glendalough dentro del parque nacional de las montañas de Wicklow. Para llegar hasta él, hay que seguir las indicaciones hasta el pueblo más cercano que es Laragh, repleto de b&b y bares (son cuatro casas).

Lo que es archiconocido del conjunto, seguro que lo habéis visto en fotos, son las ruinas de la catedral de San Pedro y San Pablo que conserva con su gran torre circular de 33m.

Glendalough fue un importante complejo monástico a finales del siglo VI que se encuentra ubicado en medio de un frondoso bosque  rodeado por dos lagos (llamados Upper Lake y Lower Lake en un alarde de imaginación)  De hecho la traducción de su nombre literalmente significaría valle glaciar (glen, dato cultural aprendido de nuestro taxi driver en las Highlands) de los lagos (lough que es similar al escocés loch).

Inicialmente comenzó siendo una pequeña ermita donde San Kevin llevó reliquias que consiguió de un viaje a Roma. Poco a poco alrededor fueron construyéndose más edificios hasta convertirse en una gran ciudad monástica y sede episcopal.

Finalmente en 1583 el monasterio fue abandonado, después de haber sufrido invasiones vikingas y normandas (pese a estar en el medio de la nada). Y hoy en día lo que se conservan son las ruinas de la catedral varias iglesias y varias casas monacales todo ello rodeado entre un mar de tumbas decoradas con cruces celtas muy ornamentadas, de piedra de granito negra.

Para entrar al complejo se entra por el pórtico que tiene una arcada de granito (de la que andan muy orgullosos pero no me llamó la atención tanto como el resto del conjunto) En sus tiempos estaba cubierto por un techado de madera, mientras que las paredes de este antiguo pasillo están grabadas. El edificio más grande era, sin duda, la catedral construida en el siglo XII junto con su torre que tenía seis pisos conectados por escaleras. Estas torres circulares se construían como campanarios obviamente pero al estar en constante peligro por invasiones vikingas pues también eran torres de vigía como en muchas otras partes del mundo.

No muy lejos de la catedral quedan algunas pequeñas iglesias  desparramadas por el bosque se conservan muy bien, como la de San Kevin. Otras, se han reconstruido con piedra original y sinceramente son las que más me gustaron. En general todo el conjunto desprende un gran aire de baja edad media.

Aparte de disfrutar del conjunto arqueológico lo que son realmente bonitos, son los alrededores. Como ya he mencionado todo lo que lo rodea es un bosque frondoso, recorrido por arroyos, por donde se han trazado gran cantidad de senderos todos ellos muy sencillos de recorrer y sin apenas dificultad.

El más conocido y popular (y el único que nos dio tiempo a hacer a nosotras) es el que va desde el lago inferior al lago superior que se encuentra ya encajonado entre las montañas y al que cae una gran cascada. Pero realmente merece la pena pasar medio día entero allí, hacerse varios recorridos, disfrutar de la naturaleza (y si la lluvia da una tregua incluso es muy agradable para un pic nic, que si no la da, que todos conocemos cómo es Irlanda, pues hay bares estratégicamente en los aparcamientos de ambos lagos)

Enniskerry

Dentro del gran apartado de: “Cosas que hacer cuando vas a pasar una semana en Dublin“  sobre todo si ya se conocía la ciudad de antes, lo primero que nos encontramos es este pequeño pueblecito del condado de Wicklow. Y es que llegar hasta él es toda una aventura en sí, que merece la pena desde el principio.

Ruperta ese día no tenía que trabajar, y quería aprovechar para conocer algo nuevo lógicamente. Pero no se nos ocurría nada hasta que nos levantamos ese mismo día. Tenía que reunir los requisitos de ser un sitio cercano a la capital y que alguien que llevaba un mes viviendo allí todavía no conociese. Por suerte yo paso mucho tiempo buscando este tipo de destinos por internet y a las 9 de la mañana me acordé de Powerscourt.

Para empezar no me había quedado exactametne con el nombre, pero si había leido que allí habían rodado la película de “las amistades peligrosas” (y luego he descubierto que un montón de películas más, solo hace falta poner la serie Los Tudor y ves palacio y jardines 7 veces en cada capitulo)

Con esos datos y google, en 5 minutos ya sabíamos como llegar: O directamente desde el centro de Dublin con el autobús 44C, o (lo que hicimos) cogiendo el Dart hasta Bray y de allí el 185 hasta Enniskerry.  El caso es que el sistema de buses es especialmente complejo porque aunque en la estación del Dart pongan los horarios hay dos 185 y no siempre tiene las mismas paradas, así que pregunten, nosotros al tercer intento dimos con el que era adecuado.

El pueblo de Enniskerry lo forman cuatro casas y cuatro pubs (uno por casa). Está a los pies de las montañas de Wicklow, con lo que según se va uno acercando las carreteras se van estrechando, los bosques se hacen más espesos y la sensación de que estás de camino hacia lo más profundo de Irlanda aumenta (tanto más cuando nos terminamos dando cuenta de que por la carretera a duras penas cabía el autobús, cada vez que se cruzaba con cualquier otra cosa tenía que parar en sitios insospechados).

Llegados a la plaza del pueblo donde hay un enorme reloj en el centro, andamos por el arcén de la carretera (por donde está la iglesia) y recorrimos los 2.5km que separan el pueblo de la mansión de Powerscourt. Este pueblo creció a partir de las necesidades de servir a la mansión del vizconde de Powerscourt, pero hoy en día lo tienen muy arregladito y mono para el turismo. Las casitas son 100% típicas y adornadas todos los días del año con lucecitas como si siempre fuese Navidad. La iglesia, que data de la misma época que la mansión, está rodeada por un gran cementerio y después de mucho tiempo volví a ver las mesitas de pic-nic entre las tumbas como en aquel verano en Molde en Noruega.

Una vez entrados en los grandes dominios de la mansión recorrimos un par de kilómetros más entre campos de golf y vistas excepcionales a las montañas (aquí a cualquier cosa le llaman montaña) para finalmente llegar a la renombrada mansión.

La casa por dentro está repleta de tiendas que son el paraíso para cualquier niña entre 4 y 8 años. Todo es hiper-mega-cursi hasta extremos insospechados, y luego para entrar a los jardines hay que pagar.

En la entrada te dan además un folletito con la historia de la mansión y jardines y con un recorrido marcado en un mapa con todos los caminos, pues son 190000 m2 de jardín. Según entramos, miramos a derecha e izquierda y Ruperta sentenció, “esto tiene muchas posibilidades, de aquí vamos a sacar las cámaras con megas y megas” y no se equivocaba solo que empezó a llover (a ratos) y deslució todo un poco.

Los jardines hay que verlos porque son realmente increíbles, pero una breve descripción sería:

El castillo está unido a un lago por una gran escalinata y a sus piés se encuentra un embarcadero. Aquí se encuentran los jardines italianos con sus motivos geométricos, rodeados de unas colinas de césped dignas de las mejores croquetas jamás vistas. A la derecha hay un curioso cementerio de mascotas (primera vez en la vida que veo uno), después una bonita fuente y justo al lado, el jardín tapiado donde hay todas las flores que te puedas imaginar. En el flanco izquierdo sin embargo se extiende un bosque frondoso con los árboles más altos que he visto en mi vida. Entre ellos se esconde un viejo torreón perdido, y el maravilloso jardín japonés.

En la terraza de la mansión (que si se compara con el tamaño de los jardines tampoco es TAN grande) hay una pequeña cafetería, y ya saben lo que opino, que en estos sitios hay que darse el lujazo, pero esta vez la lluvia no nos dejó disfrutar de nuestro café señorial.